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| Quién eres?- Por Neil T. Anderson | |
| Tienes mucho para dar-Por Michael Smith | |
| El sexo en el noviazgo-Por H. Norman Wright | |
| Sexualidad - Un tema que no se enseña |
Para
mirarnos de una manera diferente
¿QUIÉN ERES?
¿Qué ves cuando te miras al espejo? ¿Una superestrella de música rock? ¿Una
chica atractiva cuya foto aparece en colores en la tapa de una revista popular?
Bueno, quizás no, pero no te preocupes –no importa lo que ves cuando te miras
a ti mismo– Dios ve algo mejor. Él nos acepta por lo que somos y nos ve como
las personas que podemos llegar a ser. Por Neil T. Anderson
Primer día de clases del nuevo año
escolar. Te deslizas en tu aula justo antes que suene la última campana y
alcanzas a sentarte. La profesora, de pie, dice: "Quiero que todos se
presenten". Y, señalándote con su dedo afilado, puro hueso, dice:
"Empecemos con el que llegó último; ¿quién eres?" Tú contestas
confiado: "Juan Pérez" (o como quiera que te llames).
– "Mal" –replica ella–, "¿ese es tu nombre? ¿Quién
eres?"
– "El presidente del consejo estudiantil", contestas, mientras
empiezas a transpirar.
– "Mal de nuevo, eso es lo que haces."
– "Soy norteamericano."
– "No, tú vives ahí."
– "Soy bautista."
– "No, esa es la iglesia donde vas."
Podrías también decir que eres la estrella de la defensa del equipo de fútbol
de la escuela (o del barrio), o la reina de la primavera o el presidente del club
de Futuros Científicos del Espacio, pero todo eso no eres tú. Imagina que te
hieres gravemente en un accidente del tránsito y pierdes gran parte de tu
capacidad física, o de tu belleza o de tu capacidad mental, ¿seguirías siendo
tú? ¡Claro que sí! Hay muchísimo más en ti de lo que pareces por fuera y de
lo que haces.
Hubo un jugador estadounidense de béisbol, superestrella de ese deporte, que
tuvo cáncer justamente en el brazo que más usaba para tirar la pelota y en
octubre de 1988 le hicieron una operación; los médicos creían que nunca iba a
volver a jugar béisbol profesional. Pero ese jugador tenía el corazón de un
león y casi al año después de la operación volvió a la cancha y ganó en
forma increíble el partido para su equipo.
Cinco días después, había otro partido de béisbol y su brazo se le volvió a
fracturar. Esta vez no pudieron salvárselo, y diez meses después de esa
fractura, el jugador se internó en el hospital para que le amputaran el brazo y
el hombro.
¿Cuál era la importancia de ese brazo para este deportista? Leamos lo que él
mismo escribe:
"Mi brazo era como las manos para el concertista de piano, las piernas para
la bailarina de ballet, los pies para el maratonista. Ese brazo era lo que
celebraba la gente que pagaba por verlo en acción; era lo que me hacía
valioso, me daba dignidad, por lo menos a los ojos del mundo. De repente, ese
brazo se me fue".
¿Se acabó la vida de esta estrella del béisbol porque perdió el brazo? ¡No!
Cambió totalmente, eso sí, pero sigue siendo el mismo hijo de Dios que se dio
cuenta que su identidad va mucho más allá de su habilidad para tirar la pelota
de béisbol. Sigamos leyendo lo que escribe:
"Cuando salí del hospital y volví a casa, me di cuenta que todo lo que mi
hijo quería era jugar a la lucha libre conmigo y jugar fútbol en el jardín.
Mi hija solamente quería abrazarme y mi esposa deseaba únicamente que su
esposo regresara. No les importaba que tuviera un brazo o no... Les bastaba con
que yo estuviera vivo y de vuelta en casa."
Pablo, un seguidor de Jesús, dijo que "a nadie conocemos según la
carne" (2 Corintios 5:16), con lo cual quería decir que no debemos
identificarnos, a nosotros mismos ni a los demás por lo que parecemos –vistos
desde el exterior– ni por lo que hacemos. Claro que, da pena decirlo, eso es
justamente lo que hacemos. Queremos vernos de cierta manera o ganar importancia
en la vida pensando que seremos alguien, por fin, cuando lo logremos.
Pero, ¿lo que hacemos determina quiénes somos? ¿O quiénes somos determina lo
que hacemos? Nosotros apoyamos esto último. Creemos de todo corazón que
nuestra esperanza de crecer, de tener sentido y realizarnos como cristianos, se
basa en entender quiénes somos como hijos de Dios.
Si no sabemos que somos hijos de Dios o si tenemos una vaga idea de cómo se ven
y se comportan los hijos de Dios, nunca nos portaremos como uno de ellos, es
imposible. Nuestra forma de entender quiénes somos es la base de lo que creemos
y de la manera de comportamos como cristianos.
Cuando lo externo y lo interno no
se identifican
Hace varios años, una muchacha de diecisiete años manejó una gran distancia
para venir a consultarme. Nunca he conocido a una joven que tuviera tantas
ventajas. María era tan hermosa como una modelo, tenía un cuerpo estupendo.
Había terminado en once años todos los estudios, y se había graduado con un
promedio altísimo. Manejaba un automóvil deportivo nuevo que sus padres le habían
regalado para su graduación. Me asombró que una persona pudiera tener tanto.
María habló aproximadamente media hora conmigo hasta que me di cuenta que
parecía estar muy bien por fuera, pero por dentro no era así. Por fin, admitió,
llorando, que a veces lloraba hasta quedarse dormida pues deseaba ser otra
persona.
Nosotros acostumbramos a mostrar un frente falso, destinado a disfrazar quiénes
somos realmente y a cubrir las heridas secretas que sentimos en cuanto a nuestra
identidad. De alguna manera creemos que si nos vemos atractivos, o cumplimos
bien nuestras tareas o si tenemos cierta posición, entonces, nos sentiremos
extraordinariamente bien por dentro. Pero no es así. Lo que parecemos por
fuera, nuestro aspecto, logros y reconocimiento externo, no siempre reflejan ni
producen la paz interior que necesitamos.
Aquí tenemos una fórmula falsa para vivir, pues creemos, equivocadamente, que
una buena apariencia, más la admiración que trae, es igual a la persona
completa. Sentimos también que una actuación estelar, más los logros, es
igual a una persona completa. Esto es como tratar que 1 + 1 = 4; nunca ocurre.
Si estas fórmulas funcionaran hubieran servido para Salomón, que fue rey de
Israel en la mejor época de esa nación. Tuvo poder, posición, riqueza,
posesiones, mujeres. Si la vida significativa resultara de la apariencia, la
admiración, la popularidad, el desempeño, los logros, la posición social o el
reconocimiento, Salomón hubiera sido el hombre más integral que haya vivido.
Dios también dio a este rey una dosis extra de sabiduría para interpretar sus
logros. ¿Cuáles fueron sus comentarios sobre todo esto? "Vanidad de
vanidades... todo es vanidad" (Eclesiastés 1:2). Tenemos que hacerle caso
a este sabio rey: todas las cosas materiales y la posición social que uno puede
tener no nos harán la persona completa que queremos y necesitamos con
desesperación.
También nos creemos el lado malo de la fórmula: admiración = significado; es
decir, creemos que si una persona no tiene nada, no tiene esperanzas de
felicidad. Por ejemplo, ¿crees que un muchacho gordo de la universidad, de esos
con el cuerpo como una papa rellena y tartamudo; que además de su feo aspecto
le cuesta mucho pasar de curso, tiene esperanzas de felicidad?
Muchos chicos dirán que "probablemente no" y en el reino terrenal,
donde la gente mira solamente lo de afuera, puede que tengan razón. Se piensa
que la felicidad es lo mismo que tener buena apariencia y relacionarse con gente
importante. Y que una vida sin estas "ventajas" es lo mismo que la
desesperación.
La vida en el reino de Dios es
diferente
No existen ahí las fórmulas:
éxito = felicidad y fracaso = desesperación. Todos tienen exactamente la misma
oportunidad de vivir con sentido y significado. ¿Por qué?
Si tú aceptaste el sacrificio de Cristo en la cruz por tus pecados y crees que
Él resucitó de los muertos, ya eres una persona completa y tienes una vida de
infinita importancia, sentido y significado como hijo de Dios.
La única fórmula de identidad que funciona en el reino de Dios es:
Tú + Cristo = Persona completa e importante
Si nuestra identidad en Cristo es la clave para ser completo e importante puede
que te preguntes: ¿por qué son tantos los creyentes que tienen problemas con
su propio valor, su crecimiento y madurez espiritual? Porque hemos sido engañados
por el diablo. Nuestra verdadera identidad en Cristo ha sido pervertida por el
mismísimo gran engañador.
Fracasamos, y así nos vemos como fracasos, lo que nos hace fallar más.
Pecamos, y así nos vemos como pecadores, lo que nos hace pecar más.
Satanás nos ha engañado para que creamos que lo que hacemos nos hace ser lo
que somos. Esta creencia falsa nos hunde más y más en el hoyo inmundo de la
desesperación y la derrota. La única forma de salir del hoyo es aferrándonos
a nuestra verdadera identidad de hijos de Dios.
Hay una salida del problema. El fracasado Adán fue seguido por el súper
exitoso Jesucristo, a quien el Nuevo Testamento llama, a veces, el último Adán.
Jesús recuperó la vida espiritual perdida cuando Adán y Eva fueron echados
del jardín. El triunfo de Jesús y lo que ha ganado para nosotros está
completamente a nuestra disposición.
Extraído del libro "Emergiendo de la oscuridad" por Neil T. Anderson y Dave Park, Editorial Unilit
Encontrando
tu lugar
TIENES MUCHO
PARA DAR
Nos preguntamos qué es lo que
Dios hará con nuestra vida. ¿Cuál será su propósito?¿Dónde están
nuestros talentos y dones? Dios tiene un camino de preparación. Pero no es lo
que hacemos lo que trae paz y una sensación de plenitud. Es quiénes somos y
a quién amamos.
Tomado de "Este es tu tiempo", por Michael Smith, Editorial Peniel
Al fin de los años ochenta, Phil
Jackson pasaba por cierta crisis vocacional. Sus años de jugar básquet habían
terminado, ahora quería dirigir, pero no había propietario dentro de la liga
que lo quisiese como su entrenador. Phil era una clase de individuo incómodo,
que vivía el estilo hippie de los setenta en una década donde los negocios
proliferaban. Era algo excéntrico. A los propietarios de los equipos les era
difícil pensar que pudiese crear uno ganador.
Consecuentemente, Phil hizo lo que la mayoría de los hombres de mediana edad
hacen al enfrentarse con una crisis vocacional: van a consejería vocacional, lo
que significa tomar un test que relaciona las habilidades y deseos con la
profesión adecuada. Puedo imaginarme la reacción de Phil cuando obtuvo los
resultados. Su perfil personal sugería que las dos principales vocaciones para
él deberían ser ¡ama de casa y guía de expediciones!
A pesar del comienzo desfavorable de Jackson, un propietario de un equipo, Jerry
Krause, decidió darle una oportunidad en los Chicago Bulls. En una década,
Phil se convirtió en uno de los directores técnicos más exitosos de toda las
historia de la NBA, pues obtuvo extraordinariamente seis campeonatos en solo
nueve años con los Bulls.
Muchos jóvenes piensan que la gente con mucho éxito nació así. Se imaginan
que el camino al éxito es una caminata fácil y que la persona sabía desde el
primer día hacia dónde se dirigía.
Parte de vivir nuestro tiempo
significa encontrar el lugar correcto para hacerlo, y eso no siempre es fácil.
Yo creo que cada uno nace con un don en particular. No todos saben cuál es ese
don, pero sin duda Dios te ha dado algo que traerá gloria a su nombre.
Hay una gran diferencia entre una misión y una ambición. ¿Tratas de lograr
tus sueños porque es lo que Dios desea que hagas, o tratas de lograrlo
simplemente porque es lo que tú quieres hacer? Ambos pueden ir de la mano, por
supuesto. Yo realmente quería tocar música y creía que Dios deseaba eso para
mí también. Pero yo sostenía mis sueños con mis manos abiertas. Estaba
dispuesto a que Dios se los llevase, porque sabía que hacer discos no me traería
satisfacción; solo la obediencia a la voluntad de Dios puede traerla.
Encontrando tu lugar
En su libro, Encontrando la voluntad
de Dios, Bruce Walke nos da un beneficioso examen de seis partes.
Nos insta a deshacernos de aquellas cosas como "poner un vellón". Si
conocen la historia bíblica de Gedeón recordarán que Dios le pidió a Gedeón
ir a la batalla. Como deseaba asegurarse de que Dios le hablaba, Gedeón puso un
vellón de oveja durante la noche, y le pidió a Dios que la tierra estuviese
seca y que el vellón estuviese mojado por el rocío. Al despertarse, la tierra
estaba completamente seca, pero pudo exprimir un tazón de agua del vellón.
Aún inseguro, Gedeón decidió asegurarse y le pidió a Dios que la tierra
estuviera mojada y el vellón seco. Al despertarse la mañana siguiente fue
exactamente como había orado. No podía dudar acerca de la voluntad de Dios.
Hoy, muchos cristianos hacen algo similar. Oran: "Dios, sabré que me estás
llamando a ir a un viaje misionero este verano si tal o cual persona me llama
esta noche". Ponemos pequeñas pruebas para ver si Dios nos guiará en una
dirección en particular.
El problema más grande con esto es que la Biblia lo presenta a Dios como muy
paciente con Gedeón, pero en ningún lugar sugiere que el pedido de Gedeón es
el modelo de cómo debemos tomar nuestras decisiones. De hecho, todo el consejo
de la Biblia nos insta a no tomar decisiones de esta manera. El libro de
Proverbios nos pide que busquemos "sabiduría" y
"entendimiento", dos herramientas mucho más valiosas que dejar un
vellón.
Walke dice que una manera más bíblica
de tomar decisiones es tomar un proceso a largo plazo que incluye seis pasos.
Primero, debemos leer nuestra Biblia constantemente. Esto entrena nuestra mente
para pensar bíblicamente. Aquí no hay atajos. Al leer la Palabra de Dios,
llegamos a un mejor entendimiento de sus principios y su sabiduría.
Segundo, una vez que nos hemos entrenado con las Escrituras y la oración, comenzaremos a desarrollar un corazón cercano a Dios. Con este corazón podremos discernir la guía de Dios.
Luego podemos discernir la voluntad de Dios a través del tercer paso: recibir sabio consejo. Necesitamos el consejo prudente de personas más sabias y experimentadas que nosotros.
El cuarto paso para determinar la voluntad de Dios es el buscar la providencia divina. ¿Te abre las puertas Dios, o acaso se cierran en tu cara? Hay veces que tendrás que abrir muchas puertas cerradas, pero si Dios te guía, eventualmente la puerta correcta se abrirá.
Quinto, podemos aplicar el sabio juicio. Esto simplemente se logra al preguntarnos: "¿Tiene sentido esta decisión?" Haz las siguientes preguntas: ¿Mi decisión encaja con las enseñanzas bíblicas? ¿Estoy dotado en el área en la que quiero desarrollarme? ¿Me permiten mis circunstancias desarrollarme en este camino? ¿Tiene sentido a la luz de mi estrategia total de vida y mi llamado?
Finalmente, el sexto paso es aceptar deseoso la intervención divina. Dios te guiará en los primeros cinco pasos, te otorgará grandes libertades para escoger dentro de ese ámbito. ¿Estás dispuesto a que Dios entre y bloquee el camino, y te dirija en una nueva dirección?
Sé paciente contigo, sostén tus sueños
no cumplidos con tus manos abiertas. He descubierto que lo que más ayuda es
trabajar para quitar mi propia voluntad, para que la voluntad de Dios pueda ser
hecha.
Finalmente, no es lo que hacemos lo que trae paz y una sensación de plenitud.
Es quiénes somos y a quién amamos. Edifica estas dos áreas en tu vida y
seguramente hallarás tu lugar en este mundo.
Tomado de "Este es tu tiempo", por Michael Smith, Editorial Peniel. www.editorialpeniel.com
El
sexo en el noviazgo
EL ENEMIGO DEL
VERDADERO AMOR
Cuando las relaciones sexuales se
practican antes de fundar el amor, lo más probable es que limite las
posibilidades de crear el tipo de amor y relaciones que una pareja busca.
Las relaciones sexuales en los
solteros son una barrera para la verdadera intimidad. Pueden causar,
especialmente en una mujer, que pierda su estabilidad, se sienta insegura, que
malogre el control de sus emociones y altere su juicio. Puede crear confusión e
incertidumbre respecto a cómo sienten ambos individuos, e impide indagar
profundamente por completo a la otra persona. Para algunos, disminuye su sentido
de autoestima y puede llevar a relaciones adictivas. Hace difícil que se
consiga una exacta noción de sí mismo o de la relación.
La química del físico necesita combustible o un sistema de apoyo. Esto
proviene de los otros elementos de una relación. Por un tiempo pueden sentir
pasión sin los otros elementos, pero el vacío se desarrollará. Necesitarán
la completa gama de la química emocional o conexión para crear un afecto
duradero. Necesitarán una conexión o química mental para mantener vivos el
interés y el crecimiento.
La química social genera compañerismo en la pareja. La conexión espiritual no
solamente realza el amor, sino los otros elementos.
Amigos, amantes... ¿o ambas cosas?
Puedes preguntarte: "¿Cuál es una base mejor que las relaciones sexuales
para establecer una relación?" Es sencillo: la amistad.
Cuando te enamoras de alguien que al principio era un buen amigo, posees una de las mejores bases para un matrimonio
¡Esta es una declaración fuerte! Pero creo que es la verdad. Las cualidades que se necesitan para construir una amistad son las cualidades que contribuyen a un matrimonio duradero.
¿Sabes qué
significa ser un amigo?
Quiero decir, ¿un verdadero amigo? Un amigo es... más que un conocido.
Conocidos son los actores secundarios en la película de tu vida.
Se dice que mientras una persona tiene entre quinientos y dos mil quinientos
conocidos cada año, él o ella tienen menos de siete amigos personales. Los
conocidos son relaciones transitorias que entran y salen de nuestras vidas.
Un amigo es más que un compinche. Aunque un compinche a veces es confundido con
un amigo, un compinche es en realidad un amigo de "reemplazo". Los
compinches van juntos porque se benefician los propósitos de ambos. Es una
pareja simbólica, unida solamente por el hecho que ellos quieren algo el uno
del otro.
La amistad es más que ser un compañero. Puedes alquilar un compañero. La
amistad es como una relación sin reglas de autoservicio.
Dice Walter Winchell: "Un amigo es aquel que entra cuando la mayoría
sale". Se unen ti.
No puede sobrestimarse el valor de una amistad. Jesús dijo: "Ya no os
llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he
llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi
Padre" (Juan 15:15 Biblia de las Américas).
Una forma de comprobar si una relación incluye la amistad es quitar las
conexiones románticas. ¿Qué queda? Para muchas parejas, poco es lo que queda.
¿Has pensado en los ingredientes de una amistad?
C. S. Lewis sugiere que nos imaginamos a los amantes cara a cara, pero a los
amigos lado a lado. Sus ojos miran para adelante. En una amistad, lo que une es
otra cosa que la otra persona, algo como una meta en común o algún objeto que
enfocan las dos personas y el que ambas persiguen. Puede ser un pasatiempo, un
trabajo, jugar tenis, música, servir en un mismo ministerio –por ejemplo, de
alabanza–, etc. Pero es algo externo de ellos mismos. Es ese interés en común
el que ellos enfocan más que la relación en sí.
Un amigo es alguien que te conoce completamente y aún te quiere. Él o ella
conoce tus lados fuertes y débiles. Un amigo es el que está a tu lado en todo
momento. Proverbios 17:17 dice: "En todo tiempo ama el amigo, y es como un
hermano en tiempo de angustia". Amar en todo tiempo, eso es difícil. Es más
fácil hacerlo con frecuencia, pero, "¿en todo tiempo?" La duración
es una característica de una fiel amistad.
Proverbios 18:24 dice: "El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y
amigo hay más unido que un hermano". No solamente la durabilidad sino la
aprobación es una cualidad de la amistad.
El amor de amigos ha sido descrito como "amor entre compañeros". Esto
puede ser definido como un fuerte vínculo, lo que incluye un tierno apego y el
gozo de la compañía del otro. No es caracterizada por una salvaje pasión y
una constante excitación, aunque esos sentimientos pueden ser experimentados de
tiempo en tiempo.
¿Entiendes esto? Algunas personas tienen que sentir esos sentimientos salvajes,
o para ellas no es una relación. La diferencia principal entre un amor
apasionado y un amor entre compañeros, es que el anterior florece en la
privacidad, la frustración, un alto nivel de excitación y la abstinencia. ¡Todo
esto suena más negativo que positivo! Por el otro lado, el amor entre compañeros
florece en el contacto y requiere tiempo para desarrollarse y madurar.
Más allá
de ser un amigo
Ya que la amistad es tan importante, explorémosla más. Lou y Colleen Evans
describen la calidad de la amistad necesaria en un matrimonio:
Un amigo es alguien con el que puedo hablar de mis ideas y filosofías, con
quien puedo crecer intelectualmente.
Mi amigo es alguien que oye mi grito de dolor, que siente mi lucha, que está a
mi lado en todos mis momentos negativos tanto como los positivos. Cuando estoy
afligido, mi amigo no solo está a mi lado, sino que también está aparte, me
mira con algo de objetividad. Mi amigo no siempre dice que estoy bien, porque a
veces no lo estoy.
Si preguntases a otros qué es un amigo íntimo, probablemente escucharías
estas respuestas:
Un amigo te conoce por dentro y por fuera, y aún te quiere. Un amigo te comprende y te aprecia, aún cuando tengas diferentes puntos de vista. Un amigo es fiel y leal, y puedes confiar en él claramente. Lo que conversas con un amigo es algo profundo, no meras opiniones u observaciones. En la amistad, te arriesgas a ser herido, porque te haces vulnerable.
Es difícil imaginarse un matrimonio para toda la vida en donde falten estos ingredientes. Lamentablemente, ellos existen en algunos matrimonios por un breve lapso, pero en otros no.
La
amistad como lealtad
Una amistad profunda refleja lealtad. Lealtad significa que la persona está
unida a ti, ¡pese a todo! Cuando eres leal, se te puede confiar información
delicada. Tu amigo sabe que será guardada como algo sagrado. Cuando la
confianza es traicionada, es un golpe mortal para una amistad.
Intimar
en profundidad
La segunda cualidad de una verdadera amistad es intimar en profundidad. Esto no
se desarrolla de la noche a la mañana. Intimar profundamente significa un ansia
de escuchar tanto como de hablar, aceptar los hechos más que ser un juez.
La atención requerida en este tipo de amistad ¡es aquella que le impide pensar
en lo que va a decir cuando la otra persona termine de hablar!
La
diversión de la amistad
Un amigo es alguien con el que es divertido estar; los amigos se gozan
mutuamente. Se ríen, hacen chistes, bromean Y tienen intereses mutuos.
Una amistad es estimulante, cada uno provoca que el otro crezca emocional,
mental y espiritualmente. Ambos son desafiados a nuevas maneras de pensar y de
crecer. "Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su
amigo" (Proverbios 27:17). Cada uno estimula al otro a hacer lo mejor que
puede.
La amistad también está hecha de auto sacrificio. Algunas personas expresan más
fácilmente la amistad con acciones, más que con palabras. En una amistad,
trabajas en el área más débil de la expresión y corres el riesgo de hacer lo
que te es más difícil. No solamente crece la amistad, sino que también crece
tu.
La
amistad como un estímulo
Una amistad se caracteriza por un estímulo mutuo. Te eleva más que tirarte.
Cuando estimulas a las personas, las inspiras a continuar por el camino trazado.
Tu das aliento y confianza.
Alentar es aceptar a que otros posean valor y dignidad. Le da validez a lo que
están haciendo. Les hace saber: "puedes contar conmigo"
Encuentras algo valioso para darle su reconocimiento cuando todos los demás lo
han despreciado.
Como cristianos no tenemos en realidad una oportunidad de elegir si alentamos a
otros o no. No es nuestra la decisión. Las Escrituras dicen que otros se darán
cuenta de que somos cristianos por el amor que nos demostramos mutuamente. Y una
de las maneras de reflejar ese amor es ser alguien que aliente a otros. El estímulo
nos sirve igual que los pilares de concreto de una estructura de apoyo.
En una amistad cristiana hay un elemento adicional, el ser desafiado espiritualmente. Eres capaz de discutir temas espirituales, orar mutuamente por el otro y crecer con la ayuda de tu compañero.
Cuando se descuida la amistad las
parejas que están en el nivel de los besos y las caricias generalmente no
hablan mucho, por lo menos no en profundidad. Descuidan la exploración de sus
personalidades a favor de la exploración de las sensaciones físicas. Mientras
se produce un escalamiento del aspecto físico, la relación se estanca. Dedican
más y más atención y energía para estar juntos solos y satisfacer sus
apetitos físicos. Cada vez dedican menos tiempo a la parte social con otras
personas o entre ellos mismos. La cita se transforma en un tiempo de alcanzar la
meta, conseguir el verdadero programa del día para la noche, la estimulación física
y el despertar de la excitación.
Al poco tiempo se produce una pequeña pérdida en la relación junto a la
implicación física. El sentirse en intimidad depende del contacto físico, y
dejarlo es como dejar la relación.
Adaptado del libro "Las relaciones que funcionan (y las que no)", de H. Norman Wright, Editorial Unilit
Sexualidad
UN TEMA QUE NO SE
ENSEÑA
“Mi pueblo fue
destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6)
Una de las causas principales por la que los jóvenes se alejan de los caminos
de Dios es por el remordimiento que surge después de haber fornicado. No son
capaces de perdonarse a sí mismos, aún cuando Dios ya los ha perdonado, y
terminan por alejarse del reino de Dios.
Los
jóvenes de hoy se pierden porque ellos, sus padres y sus líderes espirituales
creen que ya saben lo suficiente sobre el sexo y que solo queda decirle al joven
que no peque contra Dios, fornicando.
La iglesia juega un papel muy importante en la educación sexual de sus
congregantes; sin embargo, uno de los temas del que menos se habla en las
iglesias es el de la sexualidad. Los adolescentes y los jóvenes representan el
sector de la iglesia más necesitado de información y orientación sobre
sexualidad, y solo pocos de ellos la reciben.
Ahora bien, para los jóvenes
cualquier prohibición en el noviazgo les parecerá injusta, cualquier límite
les parecerá demasiado. Hay una pregunta que he escuchado muchas veces de parte
de jóvenes cristianos sinceros y deseosos de agradar a Dios aún en su
noviazgo. La pregunta es: "¿Hasta dónde puedo llegar con mi pareja sin
ofender a Dios?"
La gran mayoría de los verdaderos cristianos sabe que tener relaciones sexuales
antes del matrimonio desagrada a Dios y es pecado. Lo que muchos no saben y
tienen derecho a saber, es hasta dónde pueden llegar con su pareja.
Las respuestas a esta pregunta son múltiples. En realidad existen tantas
respuestas como personas hay, ya que cada persona es diferente a las demás.
Esta es la causa por la que resulta difícil decirle a una persona un límite
específico. No podemos generalizar porque cada persona es diferente.
Creo que la respuesta la encontrará cada uno en base al autoconocimiento de su
cuerpo y de su sexualidad. Nuestros cuerpos producen un sin fin de sustancias
que ayudan a controlar sus funciones; entre esas sustancias se encuentran las
hormonas. Ellas controlan variados procesos del organismo, tales como la digestión,
el crecimiento, la reproducción, entre otros. En el caso específico de las
hormonas que regulan la reproducción sabemos que al realizar su función
influyen sobre el estado de ánimo, sobre el deseo –apetito sexual– etc. Tal
es el grado de influencia de estas hormonas que no podemos evitar que se
presenten estas circunstancias. Lo que sí podemos controlar son los actos que
se deriven de su influencia, como nuestra conducta sexual.
Cada ser humano, aunque produce las
mismas hormonas, reacciona de diferente manera a ellas, de tal suerte que,
algunas personas casi no lo notan mientras que otras se quieren morir por los
efectos producidos en ellas.
Lo cierto es que, en menor o mayor medida, los afectará. Por lo tanto, es
importante que conozcas cómo reacciona tu cuerpo ante la influencia de ellas ya
que, como mencioné antes, muchas de las funciones de tu cuerpo son gobernadas
por las hormonas, incluyendo tu estado de ánimo.
Para ello deberás ser muy observador. Durante un tiempo obsérvate, detecta cuándo
tu estado de ánimo provoque que desees tener más contacto físico que de lo
normal con tu pareja, aprende a detectar cuándo la sensibilidad de tu piel está
aumentada, identifica las situaciones en las que tu mente comienza a volar sin
desearlo, etc.
Al final del periodo de auto análisis tendrás un mayor conocimiento de tu
cuerpo y de las situaciones en las que se sale o está fuera de control. Este análisis
no es para tratar de predecir los días en los que estarás más susceptible
–aunque en muchos casos servirá para esto, sobretodo en el de las mujeres, ya
que sus ciclos hormonales son más notorios– sino para que en el momento en
que estés con tu pareja te evalúes y puedas tomar la medida preventiva que te
ayude a guardarte en santidad.
Recordemos que la búsqueda de la santidad es la motivación para leer este artículo;
si tú no deseas alcanzarla puedes, si lo deseas, terminar con la lectura en
este momento.
Ahora bien, una vez realizado este proceso de autoconocimiento, determina tus límites;
deberán ir encaminados a evitar cualquier circunstancia en la que estés en un
riesgo de fornicar o de envolverte en un juego sexual del que difícilmente
puedas salir bien librado.
A lo que me refiero con esto último es precisamente a otro proceso de nuestra
naturaleza, el que identifica sensaciones agradables, las registra y crea cierta
dependencia para volverlas a experimentar.
Un ejemplo de ello sería el caso de la sensación que produce el contacto de
ciertas zonas erógenas de tu cuerpo con el cuerpo de tu pareja, que termina por
crear una dependencia hacia esas sensaciones. Al satisfacerlas genera mayor
dependencia y puede llevarte a situaciones realmente embarazosas o a la
masturbación. Recuerda que lo mismo sucede con los pensamientos: dales una
oportunidad y te exigirán otra para volar y volar en un sin fin de fantasías.
Cuando sepas que estás bajo los efectos de las hormonas y, por ejemplo, tu
deseo esté aumentado, cambia los planes para ese día y solo den un paseo por
ahí o visiten lugares donde no estén a solas.
Una vez determinados esos límites, debes hacer un compromiso contigo mismo de
cumplirlos y pedir ayuda a Dios para lograrlo. Por favor, establece
perfectamente esos límites, no titubees al hacerlo, tú sabes cuáles son tus
debilidades y debes ser inteligente al tratar con ellas.
Además, establece un plan B por si esos límites se ven traspasados o en riesgo
de traspasarlos. Una de las ventajas del pecado de fornicación sobre sus víctimas
es que llega de sorpresa. Aunque tú digas que nunca vas a fornicar, de
cualquier forma piensa en lo que tendrías que hacer para huir de esa situación
si se te presenta, ¡Que no te tome por sorpresa! ¡Ah! otra cosa: los límites
no son negociables, ni contigo mismo ni con tu pareja.
Hay algo más, una vez que te auto conociste, estableciste límites no
negociables y pediste ayuda a Dios para respetarlos y cumplirlos, debes informar
a tu pareja de lo que has determinado, invítale a realizar lo mismo y a
comprenderse mutuamente.
Eso sí, aunque se tengan demasiada confianza, eviten dar demasiados detalles
sobre sus debilidades y las circunstancias que las favorecen, ya que podrían,
alguno de los dos, sacar provecho de la información que se proporcionaron.
Suena absurdo –quizás– pero recuerden que están enamorados y... pues...
Por último, quiero darte otro consejo. Obviamente, cuando estés con tu pareja pueden darse circunstancias en las que los límites que estableciste se vean en peligro de no cumplirse; en esas ocasiones, con mucha prudencia pero con determinación, cambia de actividad y evita las circunstancias que lo fomentan o favorecen. Solo evita que vaya a parecer que no te interesa estar con tu pareja. Sé amable y hazle ver de alguna otra forma que la amas, aún y cuando no tengas un contacto físico con ella.
Tomado del periódico La Corriente del Espíritu, nota de agosto 2002 Fuente: Integridad